Peralejos de las Truchas: Viaje hacia un mar del Cretácico (Journey towards a Cretaceous sea)

Cada año tenemos un día reservado en el calendario de verano para dar un paseo por los alrededores de Perajos de las Truchas.

Para mí, este pueblecito serrano, localizado en la parte sur de la comarca, en el límite con la frontera de Cuenca, es un pequeño paraíso, bañado por las aguas del río Tajo, que a su paso regalan algunos de los rincones más idílicos y propicios para darse un chapuzón.  Un lugar maravilloso preso de una suerte de maldición inexplicable:

Carretera Peralejos.jpeg

Se trata de uno de los núcleos de población con más habitantes y camas hoteleras del Geoparque de la Comarca de Molina-Alto Tajo, pero según vas avanzando por una carretera bastante amplia y en buenas condiciones,  pasado Terzaga y después de algunos kilómetros, te encuentras con una indicación que ya te avisa de lo que se te viene encima. “Cambio de firme” reza la dichosa señal que conduce  por una vía del infierno colmada de baches y curvas hacia el paraíso. Lo curioso es que nada más abandonar el pueblo dirección a Cuenca, el firme cambia de nuevo y la carretera vuelve a ser cómoda y transitable, así que Peralejos parece un lugar olvidado y maldito, al que alguna deidad no quiere que vayamos. La verdad es que si esa es su intención no tiene mucho éxito, porque a pesar de ese puñado de kilómetros retorcidos y arrugados, el trayecto merece la pena.

Además,  en esta comarca esperamos que este encantamiento tenga de veras los días contados, ya que existe un proyecto dotado de presupuesto para el arreglo de esta carretera, pero mientras tanto, parece inevitable el comentario sobre su mal estado a primera hora de la mañana, cuando ponemos rumbo en coche a Peralejos de las Truchas.

Nuestra ruta arranca siempre desde la plaza del pueblo y va ascendiendo hacia la Ermita de Ribagorda, por una senda empinada, mientras el pueblo se hace cada vez más pequeño a nuestras espaldas y las grandes rocas calizas que flanquean el municipio se van volviendo cada vez más imponentes, dominando el paisaje al fondo.

Rocas calizas en Peralejos de las Truchas

Para pasear por estos parajes conviene madrugar un poco, llevar siempre una gorra puesta, y una botella de agua para mantenerse hidratado, porque Peralejos se encuentra a 1.187 metros de altitud,  la ruta va ascendiendo  y conforme va  avanzando la mañana, el sol empieza a apretar.

De hecho, algo que nunca hacemos y que siempre nos pasa factura es ponernos crema solar antes de salir, sobre todo en la cara y en los hombros, por lo que el moreno rojo infierno que lucimos cada año por estas fechas es siempre post-excursión a Peralejos de las Truchas. Los molineses somos así de cabezones y obstinados, es parte de nuestra identidad.

Vivir en un Geoparque es francamente fantástico. Recuerdo haberme sentado muchas veces a contemplar el paisaje desde algunos de los miradores más emblemáticos de este territorio sin ser capaz de desentrañar sus misterios. Ahora tengo ese libro verde de la Geología de la comarca, la Guía Geológica del Parque Natural del Alto Tajo, que es una especie de piedra roseta que responde la mayoría de mis preguntas. Ahora también soy capaz de observar cosas que antes me hubieran pasado totalmente desapercibidas.

Ammonite

Así que salvando los kilómetros en cuesta de nuestra ruta veraniega, observamos en medio del camino una peculiar roca, en forma de caracol. Se trataba de un bonito fósil de un ammonite, una especie marina que poblaba los mares del Jurásico y del Cretácico. Si observas bien las rocas, se pueden apreciar fósiles de conchas y otros animales que nos indican que en aquel lugar existió un mar tropical de aguas cristalinas.

Tenemos costumbre de almorzar en la Luna, un paraje que los vecinos de Peralejos conocen como “Las Terreras”, que se corresponden con una formación geológica conocida como “Arenas de Utrillas”, ya que en esta localidad de Teruel afloran  grandes espesores de este tipo de roca. A nosotros nos sugiere un paisaje Lunar o de otro planeta, pero la verdad es que estas arenas se acumularon durante el Cretácico inferior, hace unos 100 millones de años, cuando este territorio estaba inundado por un mar tropical al que desembocaban numerosos ríos.

Sus peculiares formas se deben a la erosión, por lo que cada año, dependiendo de las lluvias, lucen de manera distinta.

El gran libro verde, es decir, la Guía Geológica del Parque Natural del Alto Tajo, explica que en estas zonas fluviales litorales y de transición entre el mar y el continente, los ríos transportaban y acumulaban gran cantidad de estas arenas blancas. Su diferencia con las areniscas es su grado de compactación, ya que estas arenas están sueltas y las areniscas conforman una roca sólida.

Esta formación se encuentra también en otros lugares del Geoparque, como Poveda de la Sierra, Peñalén y Taravilla, donde una empresa explota el caolín para materiales de construcción.

Huella de ciervo

Observar las rocas también nos da otras pistas mucho más actuales. Las recientes huellas en la arena nos avisaron de que un ciervo había estado acompañándonos sin darnos cuenta.

Ermita de Ribagorda.jpg

La Ermita de Ribagorda, a los pies del cerro de la Muela, se encuentra muy cerca de aquí. De origen medieval, fue reconstruida en el siglo XVIII y es la protagonista de una importante romería que se celebra en la Pascua de Pentecostés, en la que se traslada la virgen de Ribagorda de la iglesia de San Mateo, en Peralejos, hasta la Ermita. Cuenta la leyenda que esta talla fue encontrada por un pastor de cabras en el interior de una cueva, a finales del siglo XII, durante la Reconquista.

De aquí habríamos vuelto directamente a Peralejos cogiendo un atajo, pero ya el año pasado nos picó la curiosidad por seguir las balizas de la senda del Tajo y como no teníamos prisa decidimos descender por esta ruta disfrutando de los parajes que el río Tajo, con sus aguas turquesas y cristalinas, ha labrado a su paso.

Descubrimos que esta senda nos lleva a la central hidroeléctrica y decidimos hacer un alto en el camino para refrescarnos y disfrutar de su cascada, que después de las lluvias de la pasada primavera, luce despampanante.

Cuál fue nuestra sorpresa al encontrarnos en las orillas del río con nuestra amiga y compañera, Cristina Rubio, gerente del Geoparque de Cataluña Central. Resulta que sus padres son de Peralejos y ella veranea cada año con su familia en este pequeño paraíso, donde disfruta del senderismo y de los chapuzones en el río Tajo.

 

De la central a Peralejos hay unos 2 kilómetros que salvamos a bordo del todoterreno de Cristina, porque el reloj y el intenso calor de aquella mañana no invitaban en absoluto a seguir caminando.

Visitar Peralejos convierte en imprescindible disfrutar del río Tajo, de sus incontables rutas senderistas, pero también de la vida en la Plaza de la localidad, de sus chascarrillos y sus gentes, y de las cañas fresquísimas que después del largo camino nos supieron a gloria bendita.

La mejor manera de terminar el día fue dándonos un chapuzón el Vado, para coger de nuevo esa carretera del infierno en medio del paraíso.

El Vado Peralejos.jpg

*** Peralejos de las Truchas: Journey towards a Cretaceus Sea

Every year we have a reserved day in the summer calendar to take a walk around Perajos de las Truchas.

For me, this small mountain village, located in the southern part of the region, on the border with Cuenca, is a small paradise, bathed by the waters of the Tagus River, with some of the most idyllic places and conducive to take a dip. A wonderful place imprisoned by a sort of inexplicable curse:

It is one of the population centers with more inhabitants and hotels of the Molina-Alto Tajo Geopark. However, as you go along a fairly wide road in good condition, after a few kilometers from Terzaga, you can find a signal which warns you: “Change of road”, reads the sign that leads you through a hell’s road full of potholes and curves towards paradise. The curious thing is that just leave the town direction to Cuenca, the road changes again and becomes comfortable and passable, so Peralejos seems a forgotten and cursed place, where some deity does not want us to go. The truth is that if that is his intention it is not very successful, because, despite that handful of twisted and wrinkled kilometers, the journey is worth it.

In addition, we hope the days were number for this enchantment because there is a project endowed with a budget for the settlement of this road. But meanwhile, in the early morning, it seems inevitable the comment about its poor condition, when we set course by car to Peralejos de las Truchas.

Our route starts always from the town square and goes up to the Ermita de Ribagorda, by a steep path, while the town becomes smaller and smaller behind us and the large limestone rocks, that flank the municipality, are becoming more and more imposing, dominating the landscape in the background.

To walk through these places, it is best to get up early and wear a cap, and bring a bottle of water to stay hydrated, because Peralejos is at 1,187 meters altitude; the route goes up; and as the morning progresses, the sun begins to burn so much.

In fact, something that we never do is to put on sunscreen before leaving, especially on the face and shoulders, so the red skin that we wear each year at this time is always post-excursion to Peralejos de las Truchas. The Molineses are so stubborn: It is part of our identity.

Living in a Geopark is frankly fantastic. I remember having sat many times to contemplate the landscape from some of the most emblematic viewpoints of this territory without being able to unravel its mysteries. Now I have that green book of the Geology of the region, the Geological Guide of the Alto Tajo Natural Park, which is a kind of rosette stone that answers most of my questions. Now I am also able to observe things that previously would have gone completely unnoticed.

So saving the kilometers in a slope of our summer route, we observed in the middle of the road a peculiar rock, in the shape of a snail. It was a nice fossil of an ammonite, a marine species that inhabited the Jurassic and Cretaceous seas. If you look closely at the rocks, you can see fossils of shells and other animals that indicate that there was a tropical sea with crystal clear waters.

We are used to lunch on the Moon, a place that the Peralejos inhabitants know as “Las Terreras”, which correspond to a geological formation known as “Utrillas sand” since in this town of Teruel there are great thicknesses of this type of rock. To us, it suggests a Lunar or another planet landscape, but the truth is that these sands accumulated during the Lower Cretaceous, about 100 million years ago, when this territory was flooded by a tropical sea to which numerous rivers flowed.

Their peculiar forms are due to erosion, so that each year, depending on the rains, they look different.

The great green book, that is, the Geological Guide of the Alto Tajo Natural Park, explains that in these coastal and transitional river areas between the sea and the continent, the rivers transported and accumulated a large quantity of these white sands. Its difference with the sandstones is its degree of compaction since these sands are loose and the sandstones form a solid rock.

This formation is also found in other places of the Geopark, such as Poveda de la Sierra, Peñalén and Taravilla, where a company exploits kaolin for building materials.

Observing the rocks also gives us other much more current clues. The recent footprints in the sand warned us that a deer had been accompanying us without we realizing it.

The Ribagorda hermitage, at the bottom of the La Muela hill, is very close to here. Of medieval origin, it was rebuilt in the eighteenth century and is the protagonist of an important pilgrimage that is celebrated after Pentecost. The Virgin of Ribagorda goes from the church of San Mateo, in Peralejos, to the hermitage. Legend has it that this image was found by a goat herder inside a cave, at the end of the 12th century, during the Reconquest.

From here we would have returned directly to Peralejos taking a shortcut, but last year we were curious to follow the markers of the Tajo’s footpath and, as we were not in a hurry, we decided to descend this route enjoying the places that the Tagus River, with its turquoise and crystalline waters, has drawn in its path.

We discovered that this path takes us to the hydroelectric power station and we decided to stop on the way to cool down and enjoy its waterfall, which after the rains of last spring, looks stunning.

What was our surprise when we met on the banks of the river with our friend and companion, Cristina Rubio, manager of the Central Catalonia Geopark. It turns out that her parents are from Peralejos and she enjoys her vacations every year with her family in this little paradise, where she does hiking and takes dips in the Tagus River.

From the power station to Peralejos there are about 2 kilometers that we saved aboard Cristina’s car because the time and the intense heat of that morning did not invite at all to continue walking.

Visiting Peralejos makes it imperative to enjoy the Tagus River, its countless hiking routes, but also life in the Plaza of the town with its people, and the cool beers that after the long road we enjoy a lot.

 The best way to end the day was to take a dip in the place known as “El Vado”, in order to drive again by that road from hell in the middle of paradise.

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