Pastores del bosque flotante (The sheperds of a floating forest)

Los Geoparques son mucho más que territorios con un patrimonio geológico relevante. Aunque sea el discurso de la Tierra lo que motiva este programa UNESCO, ese relato apasionante no tendría ningún sentido sin las personas que, más que un simple habitar pasivo, lo viven y lo crean con sus propias anécdotas, con su identidad y su carácter. Son los vecinos de este territorio los que hacen el Geoparque Comarca de Molina-Alto Tajo.

Uno de los aspectos más maravillosos de trabajar en un Geoparque es la oportunidad de conocer a sus gentes, porque lo cierto es que puedes vivir toda la vida en una ciudad como Molina de Aragón y permanecer totalmente ignorante de todo lo que la rodea. Al fin y al cabo, esta comarca es muy grande y está fragmentada por sus diferentes paisajes, que en el Medievo reconocieron como Sexmas para administrar mejor sus recursos.

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Barranco de la Hoz del río Gallo. //Foto: Luis Carcavilla

Aquí paisaje e identidad se funden en una simbiosis casi perfecta. Siempre digo que no tiene nada que ver un vecino de los pueblos de la Sexma del Campo, con los de las Sexmas de la Sierra, el Sabinar, el Pedregal o el Ducado de Medinaceli. No sólo sus paisajes son completamente distintos, sino también sus modos de vida y tradiciones, su identidad tiene tintes de otro color y su carácter se vuelve más grave conforme el terreno se hace más duro y accidentado.

Aquí vivimos en una lucha constante de intereses distintos, sin saber a ciencia cierta quién tiene la razón, así que vamos dando bandazos entre la humildad y la cabezonería.

De obstinación sabemos mucho en estos páramos ya que hay que empeñarse con toda la voluntad para conseguir tan sólo las migajas, pero con ellas y un poco de panceta, chorizo y huevo, nos aviamos unas deliciosas migas de pastor, que en la zona de Orea tendrían el sabor de los tradicionales galianos, y nos saben al paladar como si fuera el más rico manjar.

Creo que la pasión es lo que más define a todos los habitantes de la comarca por igual, a pesar de sus diferencias, aunque los puntos de vista sean distintos y en ocasiones nos peleemos por llevar la razón, por esa solución que salve el mundo, el nuestro, el que conocemos, el que nos hace quienes somos y sin el que probablemente ya no seríamos.

Robé esta cita de un gran molinés, Óscar Pardo de la Salud, quien me enseñó a disfrutar de José Luis Sampedro y del “Río que nos lleva”. Este escritor, economista y filósofo definió a los vecinos de estos páramos y accidentes como  “graves pero acogedores, tradicionales pero abiertos, bien asentados en su dignidad, como un patrimonio supremo e irrenunciable”.

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Los gancheros durante la exposición sobre los valores del Geoparque, en el centro cultural de San Francisco. // Foto: M. Perruca

El otro día estuve saludando a  algunos de los miembros de la Asociación de Municipios Gancheros del Alto Tajo, que participaban en la exposición sobre los valores del Geoparque, bien metidos en su papel de pastores del bosque flotante, como los definía Sampedro “con las cerradas barbas, los pañuelos anudados a la cabeza bajo el sombrero, los ganchos como lanzas y los pantalones atados al tobillo, parecían a primera vista, jinetes a punto de montar a caballo de una aventura siniestra”.

Lucían su indumentaria orgullosos, como buenos hijos del río Tajo, que si bien otros sólo se acercan a sus riberas o lo cruzan de paso, los gancheros “seguimos siempre en él” y con la misma pasión me invitaban a la fiesta que cada año celebran recordando esta antigua profesión.

Cada edición tiene lugar en un pueblo distinto de los que la conforman: Poveda de la Sierra, Peñalén, Zaorejas, Taravilla y Peralejos de las Truchas y este año recorrerá las aguas de este último.

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Aunque el día grande será el 25 de agosto, cuando los troncos vuelvan a cabalgar audaces por el río, este fin de semana arrancan ya los primeros actos con varios campeonatos, comida popular, música, y lo más importante, una escuela de gancheros. De esta manera todo el que quiera podrá  formarse en  esta tradición que antaño era la manera de ganarse la vida de hombres fuertes y valientes, que se jugaban la vida en las fieras aguas del Tajo, ya que muchos siquiera sabían nadar: “Siempre por el estrecho callejón de los riscos grises y rojizos, entre los desplomes cubiertos de sabinas y carrascas. Siempre compañeros del agua, clara por la mañana, opaca por la tarde, color de mar al oscurecer. Verde botella, verde gris, verde amarilla, según los arenales, los guijarros o el lodo del cauce, la sombra de los árboles o de las peñas, la calma o la furia del viento encañonado. Siempre en lo fragoso de la sierra, en los estrechos, en los saltos, en las ruderas; siempre por un recio universo de piedra e invierno”. (Pinche aquí para conocer el programa)

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Cañón del Tajo cerca de Zaorejas.// Foto: M.Perruca

Si el año pasado recordaban el centenario del nacimiento del escritor, este año celebran el 30 aniversario de la película “El río que nos lleva” basada en la obra de Sampedro, que relata la historia de la última maderada de Peralejos de las Truchas a Aranjuez, a lo largo de seis meses del año 1946, desde el punto de vista de un irlandés, que regresa de vivir las atrocidades de la II Guerra Mundial en Italia.

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Este film, dirigido por Antonio Real en 1988, fue merecedor de varios premios cinematográficos y reconocido de Interés por la UNESCO por mantener viva esta tradición. Entre sus protagonistas figuran Alfredo Landa, como “el Americano”, Toni Peck, hijo de Gregory Peck, como “el Irlandés”  y Eulalia Ramón, en el papel de Paula.

Con motivo de esta conmemoración  se proyectará la obra completa y se comentarán algunas de las escenas, en las que se pueden reconocer a algunos de los vecinos de la comarca. Para ello, los organizadores han invitado a algunos de sus actores y a su director, que esperan que asistan al evento.

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El Tajo abandona la comarca tras pasar por el Hundido de Armallones.// Foto: M.P.

Y hoy me acuerdo de las distintas gentes del Geoparque y de su pasión, porque mientras conversaba con los gancheros no pude evitar empaparme de su orgullo, del carácter que imprime el paisaje y la herencia de unos hombres fuertes y valientes que domaban los troncos a través del curso del río Tajo “un río bravo que se ha labrado a la fuerza un desfiladero en la roca viva de alta meseta (…) El río bravo sigue adelante, prefiriendo la soledad entre sus tremendos murallones, aislado de la altiplanice cultivada y de sus gentes, para que nadie venga a dominarle con puentes o presas, con utilidades o aprovechamientos (…) Sólo los gancheros se atreven a convivir con él, y aun así parece encabritarse para sacudirse los palos de sus lomos y enfurecerse más aún contra los pastores del bosque flotante”.

***The shepherds of the floating forest.

Geoparks are much more than territories with a relevant geological heritage. Although it is the discourse of the history of the Earth that motivates this UNESCO program, this fascinating story would not make any sense without the people who not only live a simple life in a passive way but also create it with their own anecdotes, with their identity and their character. It is the inhabitants of this territory who make the Molina-Alto Tajo Geopark.

One of the most wonderful aspects of working in a Geopark is the opportunity to get to know its people. You can live your whole life in a city like Molina de Aragón and remain totally ignorant of everything that surrounds it. After all, this region is very large and fragmented by its different landscapes that in the Middle Ages were recognized as Sexmas to better manage resources.

Here landscape and identity merge in an almost perfect symbiosis. I always say that it has nothing to do with an inhabitant of the towns from the “Countryside Sexma”, with those from the “Mountains Sexma”, “Junipers Sexma”, “Scree Sexma” or the Duchy of Medinaceli. Not only their landscapes are completely different, but also their ways of life and traditions, their identity has dyes of another color and their character becomes more serious as the terrain becomes harder and more rugged.

Here we live in a constant struggle of different interests, without knowing for sure who is right, so we are lurching between humility and stubbornness.

Of obstinacy we know a lot in these moors since we have to commit ourselves with all the will in order to get only the crumbs, but with them and a little bacon, chorizo and egg, we send ourselves some delicious “migas de pastor”, which in the area of Orea they would have the taste of the traditional “galianos”, and they taste like the richest delicacy.

I believe that passion is what defines all the inhabitants of the region equally, despite their differences, although the points of view are different and sometimes we fight to be right, for that solution that saves the world, ours, the one we know, the one that makes us who we are and without which we probably would not be any more.

I stole this quote from a great molinés, Óscar Pardo de la Salud, who taught me to enjoy José Luis Sampedro and the “River that takes us”. This writer, economist, and philosopher defined the residents of these moors and mountains as “serious but welcoming, traditional but open, well established in their dignity, as a supreme and inalienable patrimony”.

The other day I was greeting some of the members of the Gancheros High Tagus Municipalities Association , who were participated in the exhibition about the Geopark values, well involved in their role as shepherds of the floating forest, as defined Sampedro “with the closed beards, handkerchiefs knotted at the head under the hat, hooks like spears and trousers tied to the ankle, seemed at first sight, riders about to ride a horse from a sinister adventure. “

They wore proud their clothing, as good sons of the Tagus River, that while others only approach their banks or cross it, the “gancheros” “always follow him” and with the same passion invited me to the festival that every year they celebrate remembering this ancient profession that moved the pine trunks from Peralejos de las Truchas to Aranjuez.

Each edition takes place in a town different from those that comprise it: Poveda de la Sierra, Peñalén, Zaorejas, Taravilla and Peralejos de las Truchas, and this year it will visit the waters of Peralejos.

Although the big day will be on August 25, when the “gancheros” ride again audacious on the pine trunks along the river, this weekend start the acts with several championships, popular food, music, and most importantly, a school of “gancheros” to train future generations in this tradition that once was the way to make a living of strong and brave men, who risked their lives in the wild waters of the Tagus since many could not even swim: “Always down the narrow alley of the gray and reddish cliffs, between the collapses covered with junipers and holm oaks. Always companions of the water clear in the morning, opaque in the afternoon, sea color at dusk. Green bottle, gray-green, yellow-green, according to the sands, pebbles or river mud, the shade of the trees or rocks, the calm or the fury of the wind. Always in the abrupt of the range, in the straits, in the jumps; always by a tough universe of stone and winter. “

If last year they remembered the centenary of the writer’s birth, this year they celebrate the 30th anniversary of the film “The river that takes us” based on the work of Sampedro that tells the story of the last time the “gancheros”  lead the pine trunks  by the river from Peralejos de las Truchas to Aranjuez, throughout six months of the year 1946. The story is told from the point of view of an Irishman, who returns from living the atrocities of the Second World War in Italy.

This award-winning film was directed by Antonio Real in 1988 and was recognized by UNESCO as a work of interest because it keeps this tradition alive. Among its protagonists are Alfredo Landa, as the American, Toni Peck, son of Gregory Peck, as “the Irish” and Eulalia Ramón, in the role of Paula.

On the occasion of this commemoration, the complete work will be screened and some of the scenes will be commented on, in which some of the neighbors of the region can be recognized. To this end, the organizers have invited some of their actors and their director, who expect them to attend the event.

While I was talking with the gancheros I could not help feel their pride, their character that prints the landscape and the legacy of those strong and brave men who tamed the trunks through the course of the Tagus River “a wild river that has been forcibly carving a gorge in the living rock of high plateau (…) The brave river goes on, preferring the solitude among its tremendous walls, isolated from the cultivated highlands and its people, so that no one comes to dominate with bridges or dams, with utilities or exploits (…) Only the gancheros dare to live with it, and still seems to get up to shake the trunks of their backs and get even more angry against the shepherds of the floating forest.

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